La infantilización de la población con discapacidad visual en Costa Rica, por: Fernando Montero Bonilla

01 - Una discriminación histórica

Imagen simbólica de persona con discapacidad visual.

Introducción

La población con discapacidad visual ha sido objeto de segregación social e imposición infundada de roles a través de la historia y en un número considerable de grupos humanos, los cuales determinan, mediante un imaginario, qué pueden o no hacer. En épocas antiguas, se les consideró entes con habilidades sobrehumanas, capaces del vaticinio y la interacción con divinidades; por otra parte, en periodos más recientes, se les ha incapacitado en diversas áreas, o más concretamente, se les ha asignado, sin posibilidad de opción, un rol infantil. La sociedad costarricense actual es un claro ejemplo del segundo caso.

Por “rol” se entiende el conjunto de comportamientos que social y culturalmente se esperan que una persona cumpla de acuerdo con su estatus; por lo tanto, el “rol infantilizado de la población con discapacidad visual” se refiere a que socialmente se tiene la expectativa de que estos adopten comportamientos, respuestas y pensamientos similares a aquellos propios de los infantes. Se les percibe como un grupo específico cuyos miembros precisan de constante ayuda, cuidado, guía y protección, incapaces de realizar tareas solos ni de valerse por sí mismos, de quienes se esperan siempre respuestas acordes con una estricta moral y sin la capacidad de apelar al vocabulario soez o la violencia.

La infantilización abarca diversas áreas o zonas discriminatorias, que incluyen lo sexual, ya que se les ha considerado personas asexuadas, sin conocimiento, experiencia ni interés en el goce coital. También comprenden lo relacionado con la ingesta de bebidas alcohólicas, la cual es igualmente censurada para esta población, cual si fueran niños, quienes por ley y decoro, no deben conocer la ebriedad. El ámbito familiar resulta igualmente afectado, debido a que se les ha desligado del concepto familiar como padres o madres, y su rol solo puede ser el de un infante que amerita cuidado y guía; entre otros.

Palacios y Romañach (2006, citados por López, 2015) identifican tres modelos de percepción colectiva hacia las personas con discapacidad visual, en orden cronológico: primero, está el modelo religioso, que le atribuye a la dificultad visual causas de descontentos divinales o maldiciones demoniacas; segundo, el modelo rehabilitador, que explica la ceguera por causas científicas, y busca (entre comillas) “normalizar” a las personas con discapacidad visual, por lo que no presentarían problemas siempre y cuando logren adaptarse a la sociedad; y por último, el modelo social, que considera que la fuente de la discapacidad no es religiosa ni científica, sino social, y las personas con discapacidad podrían aportar a la sociedad tanto como una persona totalmente vidente, pero siempre con respeto hacia su individualidad. Palacios y Romañach aciertan al otorgar culpa a la sociedad por la falta de adaptación de este grupo, debido a que persiste con la imposición del rol, que inutiliza a las personas con baja visión o invidentes por medio de la prohibición o censura de ciertas acciones.

Es posible percibir, pues, cierto grado de discriminación, desde diversos enfoques, a través de un análisis sociológico, pero especialmente al considerar la invisibilización de la población afectada con respecto al tema. La opinión de estos nunca se ha considerado, y se han creado imaginarios que permiten una dominación de la persona con baja o nula visión, desde un posicionamiento etnocéntrico de la sociedad totalmente vidente.

E1

Pintura de Tiresias, adivino ciego de la leyenda de Edipo, en la Grecia Antigua.

Estudios previos

A pesar de la cantidad de bibliografía consultada, misma que incluye libros, tesis y artículos en internet, son pocos los estudios que trabajan con la persona con discapacidad visual tomando en cuenta sus opiniones y percepciones ante diversos escenarios. Abundan los artículos en los que el entrevistado o analizado con discapacidad visual no es más que un objeto de estudio o experimentación, sin palabras ni opiniones, y de quien se suponen los mismos estereotipos que serán juzgados en el presente trabajo, es decir, se estudian sin desligarlos del rol impuesto y no como seres con voluntad.

Con el fin de conseguir la igualdad de las personas con discapacidad visual se crearon los artículos 7600 y 8661; no obstante, ambos se limitan a aspectos legales, y no toman en cuenta el escenario social al cual deben enfrentarse:

Una persona con discapacidad cuenta con todos sus derechos a nivel legal, pero a nivel social no se le permite asumir riesgos, y en muchos casos, tampoco decidir sobre su sexualidad, el estilo de vida que desea llevar así como las actividades que desea realizar. (López, 2015)

Una de las fuentes consultadas que sí considera las opiniones de las personas con dificultad visual y además denuncia estereotipos surgidos a partir del rol infantilizado es el sitio especializado en línea de la “Organización Nacional de Ciegos de España” (O.N.C.E.). Esta organización, entre sus artículos, aconseja sobre el tratamiento que se les debe dar a las personas con visión baja o nula, y al hacerlo, denuncia indirectamente el trato brindado a esta población. Además, evidencia que en España la situación no es distinta, y también se combate un trato discriminatorio hacia la persona con discapacidad visual.

La O.N.C.E. aclara que “el hecho de que una persona tenga una deficiencia visual no debe llevarnos a suponer que necesita de nuestra ayuda” (2015), con lo cual rompe el estereotipo de que todas las personas con discapacidad visual no pueden valerse por sí solas. Además, esclarece que no se debe generalizar el comportamiento de las personas con baja o nula visión. Ninguna persona con discapacidad visual tiene razón alguna para comportarse de la misma manera que otra, ni siquiera de tener la misma ideología o los mismos gustos, ya que nada de ello resulta influido por su capacidad visual.

02 - Estudios previos

Imagen de hombre con discapacidad visual. Viste traje y lentes oscuros. En su mano derecha tiene un bastón y en la izquierda un perro.

 

“Conocimientos, vivencias y percepciones de la salud sexual de mujeres con discapacidad visual o física. Centro de Asesoría y Servicios a Estudiantes con Discapacidad, Universidad de Costa Rica, (2012-2013)”, tesis de licenciatura de las autoras Ivania Artavia Roldán y Jansirle Morales Pérez, es otra fuente que también considera la opinión de las personas con discapacidad, y a su vez rompe una serie de estereotipos en torno al ámbito sexual.

Artavia y Morales trabajan alrededor del mito de que “las personas con discapacidad no son sexuadas […] no son deseadas […] tienen cosas más importantes en qué pensar que en el sexo […] nunca serán agredidas sexualmente […] No necesitan educación sexual”. (Rivera, 2008, p. 164, citado por Artavia y Morales, 2013, pp. 22-23). Además, hacen mención de otra serie de estereotipos debidos a la infantilización de la población estudiada, al comentar que popularmente se cree que:

Las personas con discapacidad son asexuales […] son como niños, dependen de los demás y necesitan protección […] deben hacer su vida y unirse en pareja con personas como ellos […] si alguien con discapacidad presenta una disfunción sexual, casi siempre se debe a su condición discapacitante […] si una persona sin discapacidad mantiene relaciones con una persona con discapacidad, es porque no puede atraer a individuos “normales”. (Torices, 2006, p. 63, citado por Artavia y Morales, 2013, pp. 45-46)

Estos y muchos otros estereotipos sobre la sexualidad en personas con discapacidad visual o física son tratados por las autoras, quienes además realizan entrevistas a población con discapacidad para evaluar percepciones y opiniones hacia estos temas.

Por último, el artículo “La autodeterminación como derecho social de las personas con discapacidad”, de López Mainieri (2015), busca la aceptación de la libertad de elección de las personas con discapacidad, y la posibilidad de valerse por sí mismos en diversas circunstancias (como se citó previamente). Además, resalta la idea de que a pesar de los logros legales que se han alcanzado, la discriminación social sigue vigente, por lo que insiste en la lucha por la igualdad de la población con discapacidad visual.

Propuesta

La falta de información sobre las capacidades de las personas con discapacidad visual ha generado la imposición de un rol social a partir de una condición, que corresponde al rol de un niño incapaz que debe ser cuidado; lo cual, a su vez, ha dado cabida a estereotipos erróneos en torno a ellos. Estos impiden dimensionar gran número de actividades normalizadas para la sociedad totalmente vidente y se dan en diversos ámbitos; por lo tanto, la perspectiva de Ralph Linton permite establecer los roles que se cumplen y reconocer una variable de discriminación hacia la población con discapacidad visual.

Ante esta discriminación, y la escasez de investigaciones con participación directa de opiniones de las personas afectadas, surge la propuesta de plantear un trabajo en el cual se enumeren los principales estereotipos y mitos que han surgido en torno a las personas invidentes y de baja visión, a raíz de un rol infantilizado que se demostrarán por medio de ejemplos, y la opinión de los afectados, así como experiencias discriminatorias que hayan vivido, para concientizar al lector sobre la segregación que se realiza al suponer ideas en desconocimiento de las circunstancias de las personas con discapacidad visual.

Desde la sociología

El presente análisis tendrá su fundamento teórico en la sociología, con la teoría del estatus y el rol, la cual gozó de múltiples aportes por parte de la antropología, la psicología y la filosofía durante el siglo XX. El fundamento se dará en el antropólogo Ralph Linton, con el libro Estudio del hombre. Según él, “el funcionamiento de las sociedades depende de la presencia de pautas para la conducta recíproca entre individuos o entre grupos de individuos. Las posiciones polares en estas pautas de conducta recíproca se conocen técnicamente con el nombre de status”. (Linton, 1977, p. 122)

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Fotografía de Ralph Linton.

Cada sociedad determina aspectos específicos a tomar en cuenta para la asignación de un estatus, y algunos pueden determinarse desde el nacimiento. Algunos de los más usuales son el sexo, la edad, la familia, entre otros. Igualmente, este estatus y sus consecuentes roles pueden variar mediante movilidad social; por ejemplo, el paso de una edad infantil a una adulta, ya que el niño es excluido de ciertas actividades y conocimientos que serán permitidos para población con mayor edad: “Hay ciertas actividades que no pueden asignarse a los niños porque a éstos o les falta la fuerza necesaria o no han tenido tiempo de adquirir las habilidades técnicas precisas” (Linton, 1977, p. 128)

Todos los miembros de una sociedad tienen una serie de funciones o roles que provienen de los escenarios en los que participa y una función o rol, general, que es la suma total de sus funciones y establece el papel del individuo dentro de una sociedad y lo que esta espera de él o ella.

Los roles son creaciones sociales que intervienen en el comportamiento no solo de individuos, sino también de instituciones, como la familia, la religión, el estado, entre otras. Estas instituciones se rigen por pautas de comportamiento que deben ser asimiladas, y cuyo incumplimiento conlleva al rechazo o la expulsión. Es decir, mientras mejor se adecuen los actores sociales al status y las funciones, con menos problemáticas funcionarán estas.

Los seres humanos son tan mutables que puede decirse que cualquier individuo normal puede, mediante una preparación, llegar a cumplir adecuadamente cualquier función (…) La mayor parte de las actividades de la vida pueden apoyarse sobre una base de hábitos, necesitando de muy poca inteligencia y de ningunos dotes especiales. (Linton, 1977, p. 124)

No obstante, cuando las expectativas externas sobre el cumplimiento de un rol no coinciden con las expectativas internas, se termina cayendo en lo denominado “conflicto de rol”.

Metodología

La metodología empleada en el presente trabajo se basa en entrevistas realizadas a una muestra seleccionada de población con discapacidad visual que cursa estudios en la Universidad de Costa Rica, con el objetivo de recopilar experiencias y perspectivas de dicha población. Se cuenta con cuatro informantes dispuestos a participar, con solamente un carácter de selección previa: que tenga algún tipo de discapacidad visual. A cada uno se le asignó un número, con el objetivo de mantener el anonimato al momento de la presentación de resultados y experiencias (E1, E2, E3 y E4). De estos, tres presentan retinosis pigmentaria y uno ceguera total, y con respecto al género, se cuenta con una mujer y tres hombres. Conjuntamente, se efectuó investigación documental en sitios de internet especializados y tesis de enfermería sobre estudios realizados a población con discapacidad visual.

Encuesta

Discriminación mediante el rol

Como resulta evidente, el rol que se ha impuesto a la población con discapacidad visual a raíz de una condición que los identifica es un tipo de discriminación, entendida como el “acto de agrupar a los seres humanos según algún criterio elegido [en este caso la baja o nula visión] e implica una forma de relacionarse socialmente. Concretamente, suele ser usado para hacer diferenciaciones que atentan contra la igualdad, ya que implica un posicionamiento jerarquizado entre grupos sociales”. (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, 2013)

En general, la razón por la cual las personas totalmente videntes alientan la discriminación hacia la población con dificultad visual y la inutilizan a partir de la imposición de un rol infantilizado se debe a la falta de interacción entre ambos, que se traduce en un desconocimiento de los alcances y límites de la población con respecto a sus capacidades. Esto es perceptible en los resultados de un estudio realizado por Cohen, en 1973:

Al realizar un estudio con niños de tercero a octavo grado, encontró que aquellos niños(as) quienes conocían a los ciegos los percibían como personas más capaces, que aquellos quienes no conocían a ningún ciego. A medida que aumentó el número de niños ciegos que otros videntes conocían, las percepciones se hicieron más positivas. (Cohen, 1973, citado por Ramírez, 1996, p. 18)

La discriminación ha estado acompañada de una invención de estereotipos a partir del rol, entendidos como ideas aceptadas por grupos con carácter incuestionable, además de la invisibilización de la perspectiva del afectado, y a pesar de constantes luchas por la igualdad, esta solo se ha logrado a nivel legal, y parcialmente, ya que las leyes establecidas no siempre se cumplen.

04 - Discriminación mediante el rol

Fotografía de las manos de un niño leyendo un texto escrito en braile.

López elabora su propio punto de vista al respecto, sobre el tratamiento otorgado a la persona con discapacidad visual:

En este momento, en el plano social, tener una discapacidad pareciera seguir siendo sinónimo de perder el control sobre la vida propia y de requerir ayuda del entorno inmediato o tener que demostrar fehacientemente que la misma no es requerida. Para cambiar esta visión y la manera como se concibe y se reacciona ante la discapacidad de una persona se requiere hacer una revisión sociológica y retomar más allá de su capacidad para autodeterminarse, nuestra capacidad como sociedad para asumir un rol de respeto, trato igualitario y reconocimiento de la diferencia como parte de nuestra idiosincrasia. (López, 2015)

A partir de esto, se presenta a continuación una lista de estereotipos que han surgido del imaginario colectivo y se han asumido como verdades, cuyo fundamentación injustificada debe reformularse a partir de una mayor interacción de la población discriminada. Los resultados de las entrevistas, así como listas de estereotipos extraídos de fuentes escritas y confirmados por personas con baja visión o invidentes, serán mencionados como estereotipos concretos y englobados en seis áreas específicas: la religiosa, la sexual, la familiar, la académica, la deportiva y el entretenimiento; no obstante, primeramente se presentarán resultados que no pudieron ser clasificados en ninguna de las variantes anteriores, a modo introductorio. Los resultados serán sustentados con fuentes escritas consultadas.

Estereotipos generales

Estereotipo 1: Toda aquella persona que requiera ayuda técnica es ciega.

Comienzo con este estereotipo puesto que de sus resultados se podrán comprender con mayor facilidad las experiencias de estereotipos y mitos posteriores.

Socialmente, se relaciona el empleo de ayuda técnica con la ceguera, es decir, el “elemento requerido por una persona con discapacidad para mejorar su funcionalidad y garantizar su autonomía” (Ley 7600), como los bastones o los perros guía. Esto surge en desconocimiento de la variedad de clases de discapacidad visual existentes, por lo que las personas ciegas y con baja visión son usualmente tratados como iguales. Como lo menciona E2: se cree que “o ven o no ven, no hay un limbo” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015).

05 - B

Fotografía de un bastón.

Es posible afirmar, pues, que el estatus de las personas con discapacidad visual es asignado socialmente a partir del uso de ayuda técnica. No obstante, el discriminador erra al considerar que estos materiales implican estrictamente una condición de ceguera total en las personas. “Entre el 85% y el 90% de las personas con discapacidad visual, conservan cierto grado de visión útil y funcional para ser estimulado y entrenado” (Picado, 2012, p. 9). Es decir, cerca de un 10% de la población con discapacidad visual es totalmente ciega, mientras los demás tienen rastros de visión útil: “perciben luz, como un funcionamiento visual mínimo, para orientarse y movilizarse con seguridad e independencia” (Picado, 2012, p. 15). Algunas personas con baja visión son inclusive capaces de leer textos escritos con cierto esfuerzo.

Una persona ciega es aquella que no percibe en su totalidad la luz, pero si la persona es capaz de percibirla y la utiliza para orientarse, debe considerarse y tratársele como una persona vidente con baja visión, no como un ciego que ve un poco. Del grado de visión dependen las tareas que se pueden realizar.

Según el Programa de Prevención de la Ceguera (1992):

Una persona con baja visión es quien posee un impedimento del funcionamiento visual y, aún después de un tratamiento y/ o corrección, tiene una agudeza visual de 6/18 hasta percepción de luz, o un campo visual de 10 grados desde el punto de fijación, pero se usa la visión para la planificación y/o ejecución de una tarea visual. (Programa de Prevención de la Ceguera, 1992, citado por Picado, 2012, p. 15)

Hay personas con baja visión que no necesariamente requieren el uso de bastón o perros guías, y pueden moverse, aunque con cuidado, durante el día. Por lo tanto, socialmente están exentas de un status adquirido mediante el empleo de ayuda técnica, a pesar de poseer baja visión.

Enfermedades como la retinosis pigmentaria son de carácter degenerativo, por lo que dos personas con la misma enfermedad pueden tener diferentes niveles de visión, y así como hay quienes caminan sin problemas a la luz del día, hay otros a quienes se les imposibilita inclusive el reconocimiento de objetos cercanos. No obstante, varios prefieren el uso de bastón, puesto que brinda mayor seguridad.

05 - A

Imagen ilustrativa sobre la retinosis pigmentaria. A la izquierda, la fotografía de una playa; abajo, un ojo anaranjado y un texto que dice: “Sujeto con visión no afectada”. Seguidamente, a la derecha, la misma imagen de la playa ensombrecida en la periferia, dejando visible un espacio reducido en el centro; abajo, el mismo ojo con gran cantidad de puntos, simulando el exceso de pigmentación acumulada, y un texto que dice: “Sujeto afectado de Retinosis Pigmentaria”.

Los entrevistados hicieron mención de experiencias discriminatorias que surgieron debido al desconocimiento de clases de discapacidad visual. E1, por ejemplo, posee retinosis pigmentaria, y menciona una ocasión en la que caminaba con lentes oscuros y bastón, pero al demostrar cierta capacidad visual, las personas a su alrededor imaginaron que mentía con respecto a su discapacidad. Esto es algo que sucede usualmente con aquellas personas con baja visión, quienes son censurados al no adaptarse al imaginario social de que (entre comillas) “se es ciego o no se es ciego”.

Para dar una idea de la variedad de enfermedades existentes afectan la vista, se presenta un breve listado, sin ahondar en características específicas: acromatopsia, afaquia, albinismo óculo-cutáneo, atrofia óptica, cataratas congénitas, coloboma, degeneración macular, desprendimiento de retina, deficiencia visual cortical, fibroplasia retrolental, queratocono, retinopatía diabética, retinosis pigmentaria y uveítis, entre otras. Se estima que puedan existir cerca de 200 enfermedades que alteren la vista, algunas de las cuales son tratables, mientras otras tantas no.

Por lo tanto, no se debe suponer que toda persona que requiera ayuda técnica es ciega; más aún, es importante tener presente la diferencia entre una persona con ceguera y una persona con baja visión; ya que es común la confusión o el poco interés brindado al tema.

Estereotipo 2: Todas las personas con discapacidad visual se comportan de la misma manera.

No generalizar, el comportamiento de una persona con deficiencia visual no tiene porque [sic] ser igual al de otra. Existen muchas diferencias tanto a nivel de funcionamiento autónomo, unos pueden no necesitar o necesitar mínimamente nuestra ayuda y otros por el contrario la necesitan en un mayor número de ocasiones, como de carácter ya que la deficiencia visual es sólo una característica y las personas con deficiencia visual, al igual que la población general, puede ser simpática, antipática, educada, divertida… (O.N.C.E., 2015)

Estereotipo 3: Las personas con discapacidad no soportan su condición.

La sociedad vidente, al juzgar a otros grupos desde sus propios parámetros de manera etnocéntrica, cree que aquellos con condiciones distintas a las suyas no soportan la idea de vivir de manera significativamente distinta a la estándar, es decir, suponen una insatisfacción general por el estatus asignado, y recurrirán al suicidio cuando tengan la oportunidad.

Como el rol del niño implica en muchas ocasiones un anhelo de ser adulto, la sociedad totalmente vidente considera que la persona con dificultad visual envidia siempre su capacidad, y la imposibilidad de este aspecto provocará un trauma insuperable que podría consumarse en la finalización de la propia vida. La ridiculez de este pensamiento discriminatorio va más allá de lo soportable. Más aún, las personas con discapacidad visual tienen un autoconcepto positivo.

Estereotipo 4: Las personas con discapacidad visual tienen otros sentidos más desarrollados.

E4 comenta cómo muchas personas han creído que él es bueno para la música puesto que (entre comillas) “tiene un buen oído”, pero él mismo comenta su ineptitud hacia dicha variedad artística. Este es un estereotipo que se ha desarrollado a través de los siglos. “Muchas personas creen que la falta de visión, dota al individuo con habilidades sobrenaturales, tales como oído y tacto y sobretodo música; pero no hay evidencia, de que las personas ciegas tengan grandes habilidades en estas áreas” (Scholl, 1992, citado por Ramírez, 1996, p. 18). E3 considera que lo que realmente sucede es que las personas con discapacidad visual aprender a utilizar mejor los demás sentidos, ya que, en general, las personas totalmente videntes tienden a valerse en exceso de su sentido de la vista.

06 - Sentidos desarrollados

Imagen simbólica sobre los cinco sentidos. Una nariz en fondo celeste, una boca en fondo anaranjado, una oreja en fondo grisáceo, un ojo en fondo fucsia y una mano en fondo amarillo.

Estereotipo 5: La persona con discapacidad no discute ni se enoja.

Como menor de edad que se espera que se críe como una persona tranquila y moralmente correcta, de quien no se espera descontento con otros, discusiones, rencores ni desprecio, se juzga a la persona con discapacidad visual que no cumple su rol correctamente. E3 comentó una experiencia de cuando era menor de edad, en época escolar. Al enojarse con una amiga que solía ayudarle, esta se negó a prestarle favor a partir de ese momento, por lo que la profesora reaccionó, al ver que estaban separadas, y les consultó qué sucedía. Al saber el motivo de la discusión, le dijo a E3: “Usted no se puede enojar con nadie, menos con ella [que es quien la ayuda]” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015). ¿Y por qué no se puede enojar? ¿Por qué socialmente se le atribuye a la persona con discapacidad un rol pacífico, sin la capacidad de recurrir a conflictos? Toda persona con discapacidad vive experiencias idénticas a las de personas videntes, y la visión leve no implica carácter leve, ni mayor pasividad ante ciertas situaciones.

Estereotipo 6: La persona con discapacidad visual se acuesta temprano.

Toda persona, con o sin discapacidad de ningún tipo, se acuesta cuando tenga sueño o cuando lo requiera. No hay motivo para suponer que las personas con discapacidad tiendan a acostarse más temprano que las personas completamente videntes, como los infantes que no soportan trasnocharse. Este es un estereotipo creado a partir de la asignación de un rol por medio de un estatus infantil, a personas cuya edad parece no ser relevante a nivel social.

Estereotipo 7: La persona con discapacidad visual es incapaz de cruzar una calle y de subir gradas.

Como un niño que aún no aprendido a cruzar la calle, la sociedad cree que la persona con discapacidad visual es incapaz de hacerlo sin arriesgarse a un accidente inconcuso. Empero, a raíz del estereotipo 1, se puede notar cómo es posible para ciertas personas con baja visión el reconocimiento de vehículos que se acercan por el camino. Si bien esto no implica que todos puedan cruzar calles transitadas sin necesidad de ayuda, sí hay que considerar que hay algunos capaces de hacerlo. Sin embargo, no se debe olvidar que también se cuenta con el sentido del oído y la amabilidad de ciertos conductores.

07 - Cruzar calles

Fotografía ilustrativa. Un par de pies y un bastón al borde de una calle.

Por otra parte, E2, quien tiene retinosis pigmentaria en un estado no muy avanzado, comentó una experiencia en la que él estaba perdido en el Mall San Pedro y buscaba el Banco de Costa Rica. Se encontraba en la planta baja y acudió a un guarda de seguridad, quien, al ver que usaba bastón (es decir, supuso que era ciego), lo acompañó hasta el ascensor y le indicó el piso al que debía dirigirse (justamente el siguiente), cuando bien pudo haber subido por las gradas sin percance alguno, aun si hubiera tenido ceguera.

La idea de la inhabilidad de realizar acciones por cuenta propia, según el rol infantilizado, llega al extremo de considerar a la persona con baja visión incapaz inclusive de subir gradas. La expectación del uso de bastón lleva a la persona vidente, sin conocimientos al respecto, a suponer que la persona con discapacidad se encuentra en un estatus inferior y siempre requiere ayuda, y muchas personas con discapacidad, para no ser descorteces, la aceptan, aunque no siempre la necesiten.

Estereotipo 8: Las personas con discapacidad visual no pueden cocinar, lavar ni planchar.

Posiblemente la sociedad vidente considere imposible que una persona con discapacidad visual cocine, planche o lave, ya que no imagina cómo puedan reconocer los ingredientes ni las cantidades que se manejan, o como cerciorarse de que algo esté liso o limpio. Está de más decir que es una idea que surge cuando una persona depende en exceso de su sentido visual. El gusto, el tacto y el olfato son también claves cuando se realizar labores domésticas, pero especialmente es el orden el elemento necesario, no solo en esta actividad, sino en muchos aconteceres de la vida diaria. Si los ingredientes u objetos se colocan siempre en el mismo lugar, no habrá problemas para encontrarlos y reconocerlos. Además, “cualquier individuo normal puede, mediante una preparación, llegar a cumplir adecuadamente cualquier función” (Linton, 1977, p.124), y esto aplica no solo a este estereotipo, sino a todos los demás.

Estereotipos académicos

Los estereotipos académicos se refieren a aquellos que han surgido en torno al ámbito educativo.

Estereotipo 9: La persona con discapacidad visual es siempre buena en los estudios.

Vale la pena aclarar que la percepción visual poco o nada tiene que ver con la cognitiva. A la persona con nula o baja visión se le ha considerado generalmente como un estudiante esforzado, que se dedica al estudio gran parte de su tiempo; sin embargo, los estudiantes con dificultades visuales presentan los mismos problemas o facilidades de aprendizaje que cualquier otro estudiante, y no siempre han de sacar notas sobresalientes. Los buenos resultados en pruebas corresponden más a las capacidades individuales y no a un factor de disminución sensorial.

Estereotipo 10: La persona con discapacidad visual no puede realizar labores académicas sola.

Como al niño que hay que ayudarle a realizar sus tareas, se tiene la idea de que las personas con discapacidad visual no pueden realizar solas labores académicas, y generalmente se les asigna un compañero o ayudante para que los ayude, o a veces para que los supla en su labor.

08 - Labores académicas

Fotografía de dos manos tocando la pantalla de un celular táctil.

Si bien para algunas tareas se necesita asistencia, la tecnología ha facilitado la realización de tareas a personas con discapacidad visual. Los lectores de pantalla y otros programas amigables con el usuario con visión baja o nula, posibilitan llevar a cabo trabajos sin mayores dificultades; por lo tanto, cualquier labor que deba realizarse en computadora en programas básicos no representará inconveniente para una persona con discapacidad visual preparada; no obstante, estos programas no resultan siempre totalmente efectivos. Debido a esto, la asignación de ayudantes o compañeros se debe realizar solo tras una previa consulta de la persona con discapacidad visual, si esta misma considera conveniente o necesario, y no se le debe imponer.

Estereotipo 11: La persona con discapacidad visual es (entre comillas) “un campeón”.

“Uno sirve de ejemplo a seguir. Su función en la vida es hacer que los demás se superen” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015), comenta E4 durante la entrevista. La idea de que los logros realizados se deban exclusivamente a una capacidad de superación a pesar de la discapacidad visual ha sido siempre motivo de molestia entre la población invidente o de baja visión. Se trata a la persona con discapacidad en su rol como a un niño con menos experiencias y menos capacidad para realizar acciones, a pesar de la edad, quien al efectuar lo mismo que haría un adulto, se convierte en un centro de admiración y se le cree como alguien esforzado o superdotado.

Estereotipos sexuales

Estereotipo 12: Las personas con discapacidad visual no tienen relaciones sexuales.

E1 comenta cómo ha escuchado comentarios sobre cómo las personas con discapacidad visual no gozan de relaciones sexuales porque no saben o no van a poder satisfacer a su pareja. Sin embargo, si bien esta población puede tener complicaciones en su percepción visual, el clítoris y el falo funcionan, en general, perfectamente.

La sexualidad ha sido desde hace siglos un tema tabú en nuestra sociedad, y es aún más difícil para aquellas personas con discapacidad visual. La situación llega a tal punto que muchas familias con hijos con discapacidad visual no les brindan educación sexual por miedo al coito y al embarazo. Al ser partícipes de un rol infantilizado, se les iguala a los niños en temas de sexualidad: son personas asexuadas, sin conocimientos ni interés en el coito y el goce sexual. No se definen siquiera en una orientación sexual, ya que la discriminación llega al punto de que a la sociedad le pareciera que no hace falta que la tengan.

Cuando una persona sufre de alguna discapacidad se estereotipa y se considera que no puede realizar las mismas actividades que las demás personas, más aún tratándose de un tema como la sexualidad. Donde se puede llegar a pensar que por ser personas con discapacidad no tiene derecho o no experimenta las mismas sensaciones o atracción que los demás. (Luna et al., 2009, p. 8)

La situación es más difícil en el caso de las mujeres, quienes sufren un doble estigma al ser mujeres y tener discapacidad visual. El rol les es definido a partir no solo de la edad, al considerárseles infantes, sino también a partir de su género, ya que se ha estigmatizado la libertad sexual de las mujeres. ¿Acaso no tienen derecho a sentir placer al igual que el resto?

E2

Fotografía en escala de grises de mujer en acto sexual, agarrando la sábana.

Peor aún es el hecho discriminatorio de suponer que si una persona con discapacidad visual presenta disfunción sexual se debe a su condición, ya que, con esto, el etnocentrismo de la sociedad completamente vidente y patriarcal sale a relucir con ideas que no conciben una excitación debida a algo más allá de lo visual.

E3, quien posee retinosis pigmentaria, comenta una experiencia sucedida años atrás, la primera vez que compró condones. Dos mujeres mayores se encontraban atrás en la fila, y al pedir los condones el farmacéutico dudó un momento, e inclusive preguntó: “¿Son para usted? Simple curiosidad”. Una situación así puede molestar a cualquiera, ¿acaso no hay posibilidad de fornicar sin fines reproductivos por la única razón de tener baja visión? Inclusive, E3 escuchó cómo las mujeres que le proseguían en la fila cuchicheaban al respecto, por lo que se volvió y les reclamó, alegando que si bien no las veía, las podía escuchar perfectamente.

Es posible notar cómo se sanciona a la persona con baja o nula visión por aceptar abiertamente el coito, prohibido a partir de su rol, y cómo socialmente las circunstancias han llegado al extremo de que la población vidente ni siquiera sea capaz de relacionar a la persona con discapacidad con el goce sexual.

Estereotipo 13: Las personas con discapacidad visual no se enamoran.

Aparentemente, la sociedad vidente ha malinterpretado la frase “Ojos que o ven, corazón que no siente”. Las personas con nula y baja visión presentan emociones y deseos tanto como cualquier otra persona, se pueden enamorar y desear sexualmente a otros. El rol infantilizado ha invisibilizado estas emociones y le ha arrebatado a la persona con discapacidad visual la posibilidad del afecto y el establecimiento de relaciones de pareja. Al aceptar como verdad que los niños no se enamoran, sino que comienzan la experimentación, se impone a la persona con discapacidad visual un rol en el cual la maduración afectiva no podrá nunca llegar a su cumbre.

E4 habla sobre la típica pregunta de “¿Cómo se van a enamorar si no ven lo físico?”. Muchas personas se inclinan a opinar, aparentemente en vías de considerarse grandes exponentes románticos, que las personas que no pueden ver (entre comillas) “se enamoran del alma”. A lo anterior, E4 contesta: “No, solo hay atracción. No soy médium para enamorarme del alma” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015). La atracción simplemente sucede, y ello no implica que tenga que existir afinidad hacia algo específico.

Estereotipo 14: La persona con discapacidad visual no es deseada.

Popularmente, se tiene la idea de que la persona con discapacidad visual no es deseada, ya que se asexualiza en su condición de infante. No obstante, nada tiene que ver la capacidad de percibir la luz con la provocación sexual hacia otra persona.

09 - No deseado

Fotografía  de dos manos tocando senos, en escala de grises.

Estereotipo 15: La persona con discapacidad visual no puede ser sexualmente diversa.

E4 comenta cómo es imposible para muchas personas concebir la idea de que una persona con discapacidad visual pueda ser sexualmente diversa, y esto ocurre tanto en la sociedad en general como en la gay. Como la persona con baja o nula visión tiene que cumplir con un rol asexuado, no es fácil para la población vidente concebir la posibilidad de que sienta atracción sexual, y menos aún que sea hacia alguien del mismo sexo.

A partir de que al ser vistas socialmente como seres asexuados que no pueden entablar una relación de pareja heterosexual, mucho menos se les va a asociar con una persona del mismo sexo; caso en el cual la persona sufriría de un doble estigma. (Artavia y Morales, 2013, p. 87)

No obstante, reitero, nada tiene que ver la capacidad visual con la preferencia visual de una persona. Es necesario aprender que el interés sexual va más allá de lo visual.

Estereotipo 16: Las personas con discapacidad visual tienen cosas más importantes en qué pensar que en el sexo.

Vidente o invidente, toda persona tiene cosas más importantes en qué pensar que en el sexo. La capacidad visual no determina el flujo hormonal.

Estereotipo 17: Las personas con discapacidad visual no se masturban.

Al igual que con el coito, es inconcebible que un niño se masturbe. Es debido a esto que, al imponérsele un rol infantilizado a la sociedad con discapacidad visual, se imposibilite su masturbación, y al hacerlo y aceptarlo las personas sean sancionadas.

La familia

En esta sección se considerarán tanto el área reproductiva como el establecimiento de relaciones sentimentales.

Como la sociedad con discapacidad visual suele ser infantilizada, el niño no se reproduce ni tiene orientación sexual. No crece, ocupa ayuda para ir al baño, y resulta increíble que coma solo, que busque su propia ropa y que vaya a un bar. Si se ha discriminado hasta tal punto a las personas con visión baja o nula, resulta imposible concebir que puedan tener hijos y cuidar correctamente de ellos, ya que genera temor la idea de que un niño vele por otro niño, por lo que se efectúa una dominación del cuerpo de la persona con discapacidad y se previene su reproducción.

Estereotipo 18: Las personas con discapacidad visual solo salen con otras personas con discapacidad visual.

Al discriminar a las personas, se les agrupa a partir de cierta condición y se espera que cumplan ciertos comportamientos. En este caso concreto, se espera que el emparejamiento se realice exclusivamente entre personas con baja o nula visión.

Sin embargo, E1 comenta que “hay mucho ciego que no quiere salir con no videntes. Entre ellos algunos se discriminan” (Anónimo, comunicación personal, 2 de noviembre, 2015). Entre la sociedad con discapacidad visual hay quienes más bien prefieren emparejarse con personas completamente videntes (entre comillas) “para estimular el romanticismo”, como menciona E1, ya que se posibilita la descripción de objetos que ellos no pueden mirar, lo cual permite un acercamiento afectivo. Empero, E2 se posiciona desde otro enfoque, y comenta que “las bodas entre personas con discapacidad visual se deben a que entre ellos encuentran la aceptación que no encuentran con otra gente” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015). E3, por su parte, no considera relevante si su pareja es vidente o no, sino más bien lo que su pareja piense con respecto a la relación y a E3 como persona; por lo tanto, como se mencionó en el estereotipo 2, no se debe generalizar y suponer que todas las personas con visión baja piensan igual.

10 - Solo salen entre ellos

Fotografía de las manos tomadas de una pareja, en escala de grises.

Existen dos enfoques más hacia este estereotipo: primero, el social. Si una persona vidente mantiene relaciones con una con discapacidad visual, usualmente se concibe que se deba a su imposibilidad de emparejarse con otra persona completamente vidente. La discriminación llega a tal punto que se cree que la persona con nula o baja visión ha de ser la última opción para una persona sin suerte en las relaciones.

El segundo enfoque es el parental. Muchos padres de personas con discapacidad visual esperan una pareja vidente para sus hijos, con el fin de que haya alguien que los cuide y les haga (entre comillas) “todo bien”. E3 cuenta una experiencia al respecto, cuando la madre de su expareja le expresó abiertamente su inconformidad porque estuvieran saliendo juntos teniendo ambos discapacidad visual, pues esperaba una pareja vidente. Esto demuestra de nuevo cómo se le ha impuesto un imaginario infantil a esta sociedad, al considerarla incapaz del cuidado de otro, y peor aún, de considerar que ese otro requería cuidados especiales, como un infante mimado, debido a su dificultad visual.

Estereotipo 19: Las mujeres con discapacidad visual no quedan embarazadas por decisión propia.

Al imponer un rol infantilizado y asexuado de las personas con discapacidad visual, se torna imposible la opción de que estas hayan mantenido relaciones, y menos aún que puedan y quieran ser madres. Por lo tanto, se cree que si una mujer con discapacidad visual queda embarazada no es por propia decisión sino por haber sido víctima de agresión.

Estereotipo 20: Las mujeres con discapacidad visual no son aptas para ser madres.

Al infantilizar un sector poblacional, se le considera incapaz de cuidar a otros niños. Es decir, las mujeres con discapacidad se han visto como no aptas para cumplir un rol maternal, y no se les permite la movilidad social para reafirmarse como posibles buenas madres en el imaginario social. Las mujeres con discapacidad visual mantienen su rol como niñas en la sociedad, a pesar de demostrar capacidades maternales exitosas.

11 - Madre

Fotografía de una bebé durmiendo recostada en su madre.

Estereotipo 21: Las personas con discapacidad visual no deben tener hijos.

Se supone que no deberían tener hijos ya que corren el riesgo de heredar su condición o porque al ser dependientes de otros no van a saber cuidar de un hijo o hija, lo que es contrario al designio social en cuanto a que la maternidad se constituye en un mandato natural. (Artavia y Morales, 2013, p. 83)

Aunque parezca increíble, en pleno siglo XXI, año 2015, todavía sigue existiendo esta manera de pensar, como si la dificultad visual fuera un castigo divino o una enfermedad terminal que le quitará sentido a la vida. Se impone un control corporal para evitar la reproducción de una especie que socialmente se percibe imperfecta, mientras esta población soporta en silencio la discriminación sin prestarle mayor atención.

Estereotipos religiosos

En este apartado se expondrán todos los estereotipos discriminatorios que han surgido por parte de entes religiosos hacia las personas con discapacidad visual y que hayan sido mencionados por los entrevistados durante la realización del trabajo.

Estereotipo 22: Reproducirse con personas con discapacidad es pecado.

La reproducción con personas con nula o baja visión se ha sancionado por parte de entes religiosos como un acto pecaminoso e inmoral, como si se hubiera forzado al niño al coito, ya que al imponer un rol infantilizado, la imagen que los otros perciben de las personas con discapacidad visual es justamente la infantil.

El primer ejemplo está ligado directamente con el estereotipo anterior, y es el único extraído de una fuente textual consultada. En la tesis “Conocimientos, vivencias y percepciones de la salud sexual de mujeres con discapacidad visual o física. Centro de Asesoría y Servicios a Estudiantes con Discapacidad, Universidad de Costa Rica, 2012-2013)”, de Artavia y Morales, se expone un ejemplo sorprendente sobre actos de censura por parte de la iglesia hacia la reproducción con personas con discapacidad visual:

El líder de ese grupo de jóvenes le decía (a su novio) que cómo iba a andar […] con una persona con discapacidad porque eso era un pecado que la biblia lo decía […] que si él se quedaba conmigo entonces él lo iba a arrastrar porque después los hijos y los nietos podían tener la misma discapacidad que yo (Participante 4, 2012)” (Artavia y Morales, 2013, p. 150)

Es posible suponer que (muy ilógicamente) lo que las figuras religiosas buscaran en un principio fuera la protección de la persona con discapacidad visual ante abusos sexuales, pero demonizar la enfermedad como una especie de castigo va más allá de lo moral y religiosamente aceptable.

Estereotipo 23: Todas las personas con discapacidad visual son cristianas.

E2 menciona cómo ha sentido a lo largo de su vida que todos asumen que (entre comillas) “por tener discapacidad visual tiene que ser cristiano y buscar a Cristo” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015). A la imagen del niño se le ha asociado siempre la religión, por lo que se supone que la persona con baja o nula visión sea también religiosa, y busque en el catolicismo una vía para el buen autoestima y la tranquilidad necesarias. No obstante, poco o nada tiene que ver la capacidad visual con las inclinaciones religiosas.

Estereotipo 24: La discapacidad visual es un castigo divino.

No faltan frases como “Usted es un castigo de Dios”, “Yo voy a rezar por usted para que se cure” o “Usted es el fruto del pecado de sus padres”, tanto desde líderes religiosos consolidados como predicadores de la calle, quienes afirman ser capaces de (entre comillas) “curarlos”. Se asocia la ceguera con un castigo divino, sea por un pecado propio o heredado, del cual el individuo afectado solo puede salir con súplicas a Dios y arrepentimiento.

Estereotipo 25: Las personas con discapacidad visual no pecan.

“¿Pero qué pecados va a confesar usted?”, cuenta E4 en su experiencia de la primera confesión. Socialmente se ha santificado, de cierto modo, la imagen de la persona con discapacidad visual. Un niño no peca, no miente, no dice malas palabras ni comete actos impuros. Igual que el niño, la persona con baja o nula visión tiene un rol que le imposibilita (entre comillas) “portarse mal”, y que le impone la obligación de ser una buena persona según preceptos morales y religiosos.

Entretenimiento

Estereotipo 26: Las personas con discapacidad visual no consumen bebidas alcohólicas.

Socialmente, al niño se le prohíbe la ingesta de bebidas alcohólicas, debido a su descontrol, su inocencia y para prevenir daños que pueda sufrir. Las personas con baja y nula visión, al estar sumergidos en un rol infantilizado, se topan ante una normativa que les imposibilita el consumo de estas bebidas, y en caso de hacerlo, se exponen a alterar lo estereotípicamente esperable en ellos.

12 - Bebidas alcohólicas

Fotografía en sombras de una persona bebiendo de una botella.

E3 comenta una ocasión en la cual acudió a un bar con un amigo de baja visión y el mesero, al atenderlos, no les ofreció bebidas alcohólicas, solo naturales o gaseosas, y dudó unos instantes luego de que ambos le pidieran cerveza. Más allá de la prohibición, se ha caído en el pensamiento erróneo de que las personas con discapacidad no lo toman, no son lo suficientemente (entre comillas) “adultos” para hacerlo.

Estereotipo 27: Las personas con discapacidad visual no ingieren drogas:

La ingesta de drogas nada tiene que ver con la discapacidad visual, muy a  pesar de que algunas personas videntes inclusive lleguen a considerar que si una persona con baja o nula visión ingiera, se deba a que busca una vía de escape de sus (entre comillas) “problemas”. También se ha llegado a creer que la persona con discapacidad fue obligada a recurrir a las drogas y no comenzó su consumo por voluntad propia, ya que en su condición de infante es un ser inocente ante estos elementos. Igualmente, al ser partícipe de un rol infantilizado, el estigma por la ingesta de drogas es doble: por un lado la prohibición de las drogas a la población en general, y por otro el hecho de que sea un niño recurriendo al consumo de estas.

Estereotipo 28: Las personas con discapacidad visual no van a fiestas ni salen de noche.

Socialmente, las personas con discapacidad visual son percibidas en un estatus en el cual la prohibición a salidas nocturnas y fiestas sigue en pie. Como niños regañados, se tiene el estereotipo de que las personas con discapacidad no acuden a fiestas con música, baile y bebidas alcohólicas, como si la celebración y la diversión estuvieran ligadas con la capacidad visual. Igualmente, no se concibe que una persona con baja visión o invidente salga de su casa de noche, ya que existe un sentimiento de sobreprotección hacia la figura infantil que, por precaución, no se cree conveniente que salga a horas de la noche.

Estereotipo 29: Las personas con discapacidad visual no van al teatro ni al cine.

Si bien el teatro y el cine son formas de entretenimiento muy visuales, existen algunas películas producidas con programas amigables con la persona con discapacidad visual, en las que se dialoga el guión normalmente y se describen las escenas que podrían ser muy visuales e importantes en el desarrollo de la trama. Igualmente, con compañía dispuesta a relatar este tipo de escenas, las personas con discapacidad visual son capaces de entretenerse con una película sin problemas.

Estereotipos deportivos

A pesar de que constantemente se crea que las personas con discapacidad visual son incapaces de realizar deportes, el desarrollo físico es el mismo. Solo se ven afectados por las posibilidades de movilidad, pero si se les facilita, no han de tener problema.

Estereotipo 30: Las personas con discapacidad visual no realizan deporte.

“Usted tiene que entender que patinar no es para gente ciega (…) Igual yo soy muy creyente y los ciegos son la salvación”. Esta fue la respuesta dada a E2 luego de un pequeño conflicto con uno de los dueños del Salón de patines Music, en San Pedro de Montes de Oca. A pesar de que E2 tuviera años de práctica en el patinaje, y que anteriormente otro administrador le brindara facilidades en el salón de patines, le negaron la ayuda esta vez por su discapacidad.

“Uno es excluido de espacios de socialización como las mejengas. A uno no le preguntan si va a jugar, porque existe el miedo a lastimarnos” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015). Esta fue la respuesta de E4, que no requiere mayor aclaración. Además, existe la idea de que la persona con discapacidad visual no puede realizar deporte en conjunto, y lo efectúa solamente de manera individual. Ante esto, cabe mencionar que existen deportes adaptados para personas con discapacidad visual, como el “goalball”, mediante los cuales pueden relacionarse a través de la actividad física sin problemas.

13 - Deportes

Imagen simbólica del goalball.

Denominación

Resulta relevante, a modo de cierre, dedicar un pequeño espacio al tema de la denominación de personas con dificultades visuales. A lo largo del tiempo se han empleado varias denominaciones, algunas más aceptadas que otras:

Para describir a una persona que ve un poco o que casi no ve, se han utilizado a lo largo de casi 200 años, una gran cantidad de términos, entre ellos los siguientes: (…) Disminuido visual, deficiente visual, ciego adventicio, ciego funcional, ciego parcial, ciego legal, vidente parcial, defectuoso visual, incapacitado visual, limitado visual, persona con visión residual, persona con ceguera grave, persona con visión subnormal y persona vidente con baja visión, entre otros. (Picado, 2012, p. 14)

Simultáneamente al surgimiento de estas denominaciones, han surgido percepciones de mayor o menor aceptación de los mismos, al considerarlas más o menos discriminatorias. Debido a esto, se consultó a la población entrevistada sobre esta circunstancia, a lo que dieron las siguientes observaciones:

E1 no presenta incomodidad en que se le llame “ciego”, ya que argumenta que tiene ceguera parcial, por lo que sí admite la denominación. Igualmente, E3 no presenta incomodidad si se le llama “ciego”, siempre y cuando no se diga con tono despectivo. Además, considera que no hay problema con la denominación, siempre y cuando la población en general sí este consciente de la diferencia entre las personas no videntes y de baja visión.

E1 y E2 admiten emplear la denominación de “ciego” entre amigos con discapacidad visual sin problemas, e inclusive lo utilizan de manera lúdica ocasionalmente.

E4 es el único con una opinión distinta. Vale la pena notar que E1, E2 y E3 son personas con baja visión, todos con retinosis pigmentaria; no obstante, E4 es el único con ceguera total, y no muestra agrado hacia la denominación “ciego”. E4 comenta que prefiere el término “persona con discapacidad”, y lo emplea para dirigirse a otros, ya que percibe que socialmente al invidente se le ve primero como ciego antes que como persona, por lo que opta por reposicionar la valía social por medio de la denominación que le da prioridad como persona. Seguidamente, dice preferir el término “persona con ceguera” que “ciego”, por las mismas razones: “Uno no es ciego, tiene ceguera; uno no es discapacitado, tiene discapacidad”.

Por último, se comentó el desagrado hacia gran cantidad de términos, muchos de ellos en desuso actualmente, pero también hacia algunos activos con los cuales se les ha llamado, como “persona con facultades restringidas” o “persona con necesidades especiales”, entre otros.

Conclusiones

La sociedad impone a la población con discapacidad visual un rol infantilizado, que le imposibilita la realización de gran número de acciones y la sanciona si algunas de estas se llevan a cabo. Se crea un imaginario social que no concuerda con las posibilidades ni idealizaciones de las mismas personas con discapacidad visual, por lo que se cae en un conflicto de rol, ante la discriminación por rol infantilizado.

A este punto, es posible afirmar que la sociedad la resta autonomía a las personas invidentes y de baja visión, entendida como “la potenciación de todas las capacidades y recursos propios, de manera que, a pesar de la necesidad de apoyo y ayuda, la persona tenga la posibilidad de realizar el mayor número de cosas por sí sola”. (Torras, 2000, citado por López, 2015)

La sanción se lleva a cabo principalmente en temáticas sexuales y de ingesta de drogas, no solo por el mismo tabú que arrastran de por sí dichas materias, sino por el hecho de llevarse a cabo por personas percibidas socialmente como niños, como si fuesen inocentes y no estuvieran al tanto de lo que conllevan el coito y el consumo de drogas.

“A veces, la gente no se da la oportunidad de darle la oportunidad a uno” (Anónimo, comunicación personal, 2 de noviembre, 2015), comenta E1, quien acierta al afirmar que este imaginario se centra estrictamente en la mente de las personas que no han tenido contacto con personas con discapacidad visual, y por lo tanto no están conscientes de sus capacidades, por lo que los inutilizan ante la pérdida del sentido más valorado entre los videntes. Esta discapacitación conlleva, a su vez, a una autodesvaloración por parte de personas con discapacidad visual altamente discriminadas, quienes evitan la adaptación al mundo y se perciben incapaces: “Las capacidades dependen mucho del trato que se le dé [a la persona]” (Anónimo, comunicación personal, 4 de noviembre, 2015), comenta E2, quien ha sabido de casos en los cuales las personas con discapacidad se desvaloran al estar inmersas en su rol infantilizado.

La movilidad social es importante, el reposicionamiento en un estatus que le permita a la población con baja visión e invidente un rol más humanizado y acorde a sus capacidades, sin la desvalorización que sufren en desconocimiento social por falta de interacción. Es importante, por ello, evitar la objetivación de las personas con discapacidad visual y conocer sus ideas y percepciones como individuos y grupo; debido a esto, queda abierta la opción no de realizar un trabajo más extenso con un grupo de control más amplio, sino la simple interacción del lector con personas con discapacidad visual, para esclarecer estereotipos errados y formar una imagen más realista, que les permita un rol más aceptado dentro de la sociedad.

14 - Conclusiones

Fotografía en escala de grises y fondo blanco de un hombre tapándose los ojos.

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