Diosa Tonantzin y Virgen de Guadalupe: mito del eterno retorno Por Montserrat Barquero

sincretismo religioso

Diosa Tonantzin a la izquierda y virgen de Guadalupe a la derecha

Introducción

Nuestra Señora de Guadalupe es una virgen que pertenece al culto mariano de la religión cristiana católica. Actualmente, tiene su principal centro de culto, es decir, su templo principal en la Basílica de Guadalupe, esto en la ciudad de México. Hasta el momento, ha sido muy estudiada debido a la gran cantidad de controversias que giran a su alrededor, puesto que es considerada como un elemento sincrético del período prehispánico y de la conquista de América. De manera preliminar, se procederá a presentar uno de los estudios que se ha realizado con respecto a la temática de una vinculación con la diosa Tonantzin.  

Breves antecedentes

El estudio realizado por Zires (1994) apunta que su investigación tiene como objetivo: “destacar la pluralidad de este mito, así como la polisemia del símbolo de la Virgen de Guadalupe” (p. 282). En dicho trabajo, se recalca en la idea de que el mito de la virgen de culto mariano ha permeado los diferentes espacios culturales de la región mexicana. Incluso, señala que la construcción de este mito ha liderado “luchas” entre diferentes grupos sociales, como por ejemplo: indígenas, españoles, mestizos, criollos, entre otros; entre los cuales, se intentaba conseguir la legitimidad de sus creencias en el territorio americano.

Para Zires (1994), el mito de la virgen Guadalupana se ha propagado hacia otros territorios, puesto que se ha fundido con otras historias a través de la tradición oral, la narrativa y de los actuales circuitos masivos de las tecnologías de la comunicación. Lo anterior, le otorgaría a este culto una difusión mayor hacia otros símbolos que lo propagan.

Sobre esta investigación

El presente trabajo, plantea la interpretación de las diosas ancestrales, en específico de la diosa Tonantzin y la virgen de Guadalupe en el marco del mito del eterno retorno propuesto por Mircea Eliade, a partir de una imposición cultural. Esto debido a que se ha considerado a la diosa ancestral indígena como la deidad que dio paso al sincretismo religioso con respecto a Nuestra Señora de Guadalupe.

El fenómeno de las diosas ancestrales, ha permeado la vida del pensamiento mágico religioso del homo religiosus, la diosa Tonantzin y la virgen de Guadalupe, presentan tanto similitudes como diferencias que las posicionan dentro de un sincretismo religioso. Por lo tanto, se propone que en el culto de la deidad ancestral y el culto mariano, ha habido un diálogo, debido a que comparten ciertas características y esto permite ver la relación que han tenido los cultos mencionados.

Aporte teórico desde Eliade

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Mircea Eliade

Mircea Eliade fue un filósofo, historiador de las religiones, periodista y novelista rumano, nacido en Bucarest el 9 de marzo de 1907, falleció el 22 de abril de 1986 en los Estados Unidos. Se sitúan como su alma máter la Universidad de Bucarest y la Universidad de Calcuta. Durante de la década de 1980 fue muy criticado por pertenecer a la Guardia de Hierro, sus posturas de ultraderecha y antisemitismo. Este teórico es considerado como uno de los fundadores del estudio de la historia moderna de las religiones, a partir de lo cual postuló lo sagrado como la experiencia religiosa primordial del homo religiosus.

El enfoque del siguiente trabajo, gira en torno al tema religioso, es decir el pensamiento mágico religioso que desarrolla Mircea Eliade, en específico, los postulados de su obra El mito del eterno retorno. Dentro de las premisas teóricas que acuerpan la investigación es preciso rescatar la idea de hierofanía, para lo cual apunta que un objeto cualquiera, ya sea una piedra, una cueva o un árbol, por ejemplo, pueden posicionarse como hierofanías, puesto que poseen un mana, es decir, un objeto que se sacraliza: “El objeto aparece entonces como un receptáculo de una fuerza extraña que lo diferencia de su medio y le confiere sentido y valor” (2001, p.7). Los objetos sacralizados, adquieren un carácter divino, que los configura como nuevos espacios sagrados.

Existe una separación con el resto de las mismas cosas que rodean este objeto, en el momento en el que ha dejado de ser un objeto profano para adquirir la nueva dimensión: la de sacralidad. A partir de lo anterior, las hierofanías encierran en sí mismas todo lo singular, milagroso y extraordinario, por tanto se vuelve en un objeto venerado o temido.

El espacio sagrado, se figura por estar en el “centro del mundo”, por tanto, se cree que ese centro conecta con los diferentes planos cósmicos; Eliade (2001) presenta el simbolismo arquitectónico del centro de la siguiente manera:

  1. a) la Montaña Sagrada —donde se reúnen el Cielo y la Tierra— se halla en el centro del Mundo; b) todo templo o palacio —y, por extensión, toda ciudad sagrada o residencia real— es una “montaña sagrada”, debido a lo cual se transforma en Centro; c) siendo un Axis mundi, la ciudad o el templo sagrado es considerado como punto de encuentro del Cielo con la Tierra y el Infierno (p.12).

El axis mundi, funciona como la conexión de la visión del cosmos que tenga una comunidad, por ello el simbolismo del centro proyecta la concepción religiosa de la montaña cósmica que une a la tierra y al cielo como eje del mundo. Acceder al centro, implica un paso de lo profano a lo sagrado, en donde el ser humano se incluye en la experiencia religiosa, por tanto introducirse en este espacio implica un sacrificio: “El acceso al “centro” equivale a una consagración, a una iniciación; a una existencia ayer profana e ilusoria, sucede ahora una nueva existencia real, duradera y eficaz” (2001, p.15).

el mito del eterno retorno es representado, algunas veces, por  una serpiente

El mito del eterno retorno es representado, algunas veces, por una serpiente

El eterno retorno es un tiempo cíclico, en el cual se presenta una renovación de la vida, lo anterior a partir de la Madre Telúrica. Morir vendría a significar, por tanto, un retorno al hogar, con el fin de renacer en otro momento:

lo esencial es que en todas partes existe una concepción del fin y del comienzo de un período temporal, fundado en la observación de los ritmos biocósmicos (...), el de las purificaciones periódicas (cf. purgas, ayunos, confesión de los pecados, etcétera, al consumir la nueva cosecha) y de la regeneración periódica de la vida (2001, p.35).

Lo anterior, evidencia que las actividades agrícolas son una buena muestra de la renovación, ya que refiere a los ritos de la recolección y de la cosecha que representan el eterno retorno de la Naturaleza a su estado productivo y de fertilidad.

Continuidad de la diosa Tonantzin-Guadalupe: un hibridismo cultural

Según la historia, en el monte Tepeyac, los antiguos indígenas mexicanos asistían a este lugar para venerar a la diosa Tonantzin (que significa “nuestra madre”), diosa de la tierra, en agradecimiento por la cosecha concedida. Con la llegada de los españoles, se pretendió inculcar a los indígenas la religión católica. Una de las estrategias, que fue utilizada por los ibéricos, fue la de sustituir la veneración de Tonantzin por la de la virgen de Guadalupe.

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Templo en el monte Tepeyac

Esta estrategia ya había sido probada en España, puesto que sustituyeron sus dioses o figuras paganas por las nuevas creencias cristianas. Dicha estrategia lo que propiciaba era que los indígenas siguieran asistiendo al mismo lugar al que acostumbraban y por tanto, sería más efectiva y dominante la evangelización por parte de los españoles.

Este es el templo antiguo ? 

imposición cultural por parte de los españoles

Imposición cultural por parte de los españoles

Se establece la cultura europea cristiana (España) como la cultura legitimada. Según Zires (1994) el mito de la Virgen de Guadalupe, presente en Caceres, España, fue un modelo de evangelización utilizado por los españoles durante el período de conquista, por tanto, durante esta época se procedió a suplantar aquellos símbolos paganos de la religión indígena por símbolos de la nueva cultura dominante española.   

representación del momento en el que la virgen de Guadalupe se muestra a Juan Diego

Representación del momento en que la virgen de Guadalupe se muestra a Juan Diego

La virgen de Guadalupe, se cree que hizo su aparición en el monte Tepeyac a un indígena llamado Juan Diego Cuahtlatoatzin en el momento en el que este se dedicaba a labores pastoriles. Esta deidad, pidió a Juan Diego que se le hiciera un templo en ese monte, por lo que debía pedírselo al obispo franciscano en cuestión, llamado Juan de Zumárraga, el cual no creyó en las palabras de Juan Diego. Una y otra vez, según la tradición, la Guadalupana se mostró al indígena con el mismo objetivo: la construcción de un templo en su honor; finalmente, el obispo creyó en las palabras del indígena gracias a una señal divina.

 

La virgen pidió a Juan Diego que pusiera flores en su tilma y la mostrara al obispo como muestra de la divinidad. A finales del siglo XX, principios del XXI Juan Diego fue beatificado, por haber sido testigo de una muestra de lo sagrado y por dedicarse durante años al cuidado del templo Guadalupano. Por tanto, la manta mostrada al obispo por Juan Diego, dejó de ser un elemento cualquiera y se sacraliza como muestra de la divinidad, es en sí, un elemento hierofánico.

Es en este punto, en donde se posiciona el rito, el cual es la acción que revive el pensamiento mítico colectivo y por ello forma parte del pensamiento mágico religioso  que da lugar al espacio sagrado.

Según la teoría de Eliade (2001) un rito es una acción que se debe cumplir para reafirmar la pertenencia social del homo religiosus, por tanto el rito vendría a afianzar mi experiencia religiosa, lo cual se evidencia en el mito de la virgen de Guadalupe.

Según la tradición, los indígenas durante la época de la maduración del maíz, aproximadamente durante la época del mes de diciembre, asistían al monte Tepeyac para agradecer a la diosa Tonantzin por la cosecha recibida. Para Eliade, en los lugares en que:

se cultivan varias especies de cereales o de frutas, que alcanzan madurez en diferentes estaciones, asistimos a veces a varias fiestas de Año Nuevo. Eso significa que “los cortes del tiempo” son ordenados por los rituales que rigen la renovación de las reservas alimenticias; es decir, los rituales que aseguran la continuidad de la vida de la comunidad entera (2001, p.34). 
Tonantzin

Diosa Tonantzin

Lo anterior, refuerza la idea del período cíclico del que son parte las prácticas agrarias, en donde el invierno corresponde a la época de muerte de la Naturaleza y el verano corresponde a la etapa de cosecha, y por ende, fertilidad de la tierra como dadora de vida.

Como ya se mencionó, el espacio donde se situaba dicha deidad, quedaba lejos de las poblaciones indígenas lo que significaba un largo trayecto, para finalmente, ascender al monte. Lo anterior, forma parte de la teoría de Eliade, el cual señala que: “El camino es arduo, está sembrado de peligros, porque, de hecho, es un rito del paso de lo profano a lo sagrado; de lo efímero y lo ilusorio a la realidad y la eternidad; de la muerte a la vida; del hombre a la divinidad (2001, p. 15).

Por tanto, con la imposición del culto de la virgen de Guadalupe, las personas cada 12 de diciembre, asisten desde varios lugares del territorio mexicano a venerarla. Este camino que emprenden los fieles hacia dicho templo, incluye largos trayectos bajo condiciones de cansancio y arduo esfuerzo, con el objetivo de agradecer a la deidad por los favores concedidos. Asimismo, el tiempo sagrado se va a regir a partir de los ritos agrarios, los cuales están estrechamente relacionados con el ciclo de la fertilidad, en el cual se involucran dos aspectos: el equinoccio y el solsticio. El primero, es el punto más cercano que tiene la luna en relación con la tierra; el segundo, es el punto más cercano del sol con respecto a la tierra.

En la misma línea, Eliade (2001), recalca en la idea de que la luna, era, y será, uno de los astros que tiene la característica de medir el tiempo, puesto que cada una de sus fases, revelan una unidad en el tiempo, más concretamente, del tiempo mensual. Es decir, las fases de la luna: llena, menguante, nueva y creciente; reafirman con precisión el eterno retorno, el cual está estrechamente relacionado con los tiempos de cosecha.

Basílica de Guadalupe

Basílica de la virgen de Guadalupe

Ahora bien, los creyentes que asisten anualmente a esta actividad pasan por una experiencia religiosa, la cual los traslada de un tiempo profano a un tiempo sagrado, simbolizado en el templo guadalupano. Según Eliade, el espacio sagrado posee tres características primordiales, una de ellas es el umbral, el cual es una marca o una separación entre los dos mundos: el profano y el sagrado. En sí, es la frontera que opone dichos mundos. Por tanto, este umbral se encuentra simbolizado en el templo de la virgen de Guadalupe. Para poder acceder a este espacio sacralizado, es necesario subir escaleras, como muestra de la inclusión en este nuevo espacio que purifica al homo religiosus.

El espacio sagrado se caracteriza por la puerta, la cual es la abertura que marca una entrada hacia lo alto, que vendrían a simbolizar las puertas del cielo. Por tanto, cada templo tiene esa puerta de entrada que configura a quienes quieren acceder a ese espacio sagrado para adquirir una experiencia religiosa. Es decir, a través de la puerta ingresan hacia la presencia de la divinidad.

Además, el espacio sagrado se caracteriza por ser centro del mundo; en este punto, es posible mencionar que muchos de los diferentes templos o santuarios se sitúan en el “centro del mundo”. Este simbolismo del centro proyecta la concepción religiosa de la montaña cósmica que une la tierra y el cielo. En tiempos anteriores, para poder ingresar a venerar a la diosa Tonantzin, era necesario subir hacia el monte Tepeyac, pues el lugar más alto (cima o montaña) era lo más próximo al cielo.

Sucede lo mismo con el templo guadalupano, pues este, como ya se mencionó, fue construido en tiempos de la dominación española, por tanto se sitúa en el monte Tepeyac, lugar que simboliza el punto más alto para llegar al cielo. Por tanto, dichos espacios sagrados son axis mundi, es decir, un espacio que une los diferentes planos cósmicos del universo, es en sí la conexión entre el cielo, la tierra y el infierno.

altar principal de la Basílica de Guadalupe

Altar principal de la Basílica de Guadalupe

Específicamente, el axis mundi se da en el altar de los templos, en este caso el templo de la Virgen de Guadalupe, edificado tras la muestra sagrada de la divinidad. Es el altar, como axis mundi, por donde pueden subir y bajar las divinidades: la virgen y Cristo.

A partir de los rituales y el axis mundi, como ya se mencionó, las divinidades pueden hacerse presentes en el espacio sagrado. En el caso de la diosa Tonantzin, deidad de la fertilidad, anualmente se asistía con productos de la cosecha en curso, con el fin de agradecer por la prosperidad del cultivo. Es decir, era una fiesta en donde se practicaba la ingesta de la deidad.

En el caso de la virgen de Guadalupe, la idea de lo cíclico se hace presente a través del rito de comulgar, lo cual es sin lugar a dudas la ingesta de la deidad que se rememora con cada acto religioso; importante mencionar, que antes de la ingesta, la hostia (“la deidad materializada”) es santificada en el espacio del altar, caracterizado como axis mundi.

Lo anterior, simboliza que la deidad baja al plano terrenal a través del axis mundi, bendecida en este lugar, para ser consumida por los mortales con el objetivo de que los creyentes puedan asemejarse cada vez más a la deidad. Es decir, adquirir las características de la divinidad para ser “mejores seres humanos”.

Conclusiones

El elemento cíclico, ha estado presente a lo largo de la historia religiosa, en concreto de la diosa Tonantzin y de la virgen de Guadalupe en un sincretismo. En el momento de la imposición cultural por parte de los europeos, se intentó invisibilizar todo lo indígena, su religión y por ende, dioses paganos, para ser suplantados por la religión cristiana católica, con el objetivo de evangelizar los nuevos territorios conquistados.

conmemoración de la Navidad

Pesebre como conmemoración del nacimiento de Cristo

Sin embargo, a pesar de que la Iglesia católica ha querido invisibilizar, durante la Edad Media principalmente, lo cíclico que ha estado presente en sus rituales, no ha sido del todo posible puesto que forma parte de la vida misma. La religión católica, en su año litúrgico, está plegada de la repetición periódica, desde Eliade, de la Navidad, la resurrección de Cristo, la Semana Santa y la muerte y resurrección del “drama místico” que conlleva vivir las experiencias religiosas del catolicismo.

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Procesiones de Semana Santa

 

Tanto en el culto pagano como el cristiano, se da la ingesta de la deidad, como una práctica que permite rememorar en el pensamiento colectivo la pertenencia social, a través de los rituales.

La fiesta del culto pagano y cristiano, en un hibridismo cultural, se da cada 12 de diciembre, fecha conmemorativa, puesto que es el momento en que se rigen los dos aspectos primordiales: el equinoccio y el solsticio;  de los ritos agrarios.

 

Bibliografía

Eliade, M. (2001). El mito del eterno retorno. (1a. Ed.). Buenos Aires, Argentina: Emecé Editores.

Zires, M. (1994). Los mitos de la Virgen de Guadalupe. Su proceso de construcción y reinterpretación en el México pasado y contemporáneo. Estudios Mexicanos. 10 (2), 281-313. Recuperado de: http://www.jstor.org.ezproxy.sibdi.ucr.ac.cr:2048/stable/pdf/1051899.pdf?acceptTC=true [Consulta 23 oct. 2015].


Anexos

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